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38 años después: La editorial de moda que reavivó el amor por los vestidos de novia vintage

38 años después: La editorial de moda que reavivó el amor por los vestidos de novia vintage

Redescubrir el significado de piezas tan entrañables es capaz de desatar, como en cada una de estas fotografías, una ola imparable de inspiración, detalles y nuevas propuestas para concebir estilismos que conjuguen lo mejor de dos mundos: el toque actual con la magia de lo antiguo.

La historia que puede desatar un vestido es igual de impresionante que los hilos, bordados y pespuntes que se originan en esos textiles que, con buena mano y mucha técnica, adquieren una forma que supera el paso del tiempo. Lo que inició con un vestido de novia y una fiesta de disfraces, terminó por convertirse en una aventura que involucró no solo el ingenio de una modista, sino la iniciativa de ir a otros países del mundo para conseguir las telas específicas para consolidar el sueño. 38 años después es una editorial de moda que nos habla a través de aquello que se mueve paso a paso, en un escenario contemporáneo que se conjuga con el pasado. El resultado es fascinante.

Isabel Ortega, fotógrafa de esta sesión, jamás imaginó el efecto que tendrían estas tomas. Aunque en un principio no tenía un objetivo claro, la sola idea de fotografiar una sesión bonita para su book fue suficiente para iniciar con un proyecto que busca consolidar elementos del pasado, contar historias a través de la fotografía y conectar con aquello que le ha dado aún más vida a generaciones del pasado, como esos vestidos de novia olvidados que necesitan un despertar.

“En los últimos años me he convertido en fanática de todo lo que es de segunda mano. En mi casa tengo muchísimos muebles comprados en mercados de pulgas y me encanta comprar ropa vintage. Me parece que las cosas antiguas tienen un valor especial, porque han soportado el paso del tiempo y, sobre todo, el constante cambio en la moda”, nos cuenta Isabel sobre la inspiración para realizar este shooting. Ver con nuevos ojos significó para la fotógrafa alejarse de la idea de que un vestido de novia antiguo era anticuado, y encontrarse de frente con un tesoro que, de acuerdo con ella, “merecía tener su propia sesión de fotos”.

38 años después se convirtió en la oportunidad perfecta para inspirarse en una pieza antigua y rodearla de elementos modernos con el fin de agregar un toque actual. El pretexto ideal para lograr que esa historia resonara a través de cada uno de sus bordados.

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La historia detrás del vestido de novia 

Por supuesto que nada hubiera sido posible sin el protagonista estelar: el vestido de novia. Aunque el diseño ya por sí solo es espectacular, el espíritu de su creación es más interesante aún. De acuerdo con lo que nos contó Isabel: “hace unos 40 años, cuando mis papás aún no estaba comprometidos, los invitaron a una fiesta de disfraces con temática del viejo oeste pero ‘elegante’, y una amiga de mi abuela le prestó un vestido con esas características. Inmediatamente mi mamá se enamoró y decidió que se quería casar con un vestido igual. Un par de años después, ya comprometida, mi mamá se acercó con su modista de confianza, la señora Carmen González Montesinos, para platicarle su idea. Con su ayuda, mi abuela y sus tías consiguieron todo lo necesario para hacer el vestido”.

La creación de este diseño se convirtió muy pronto en una aventura que implicaría hasta un viaje a España para conseguir plumeti de algodón “que en ese entonces, aunque no era una tela elegante, no se conseguía en México”, dice Isa. La fotógrafa detrás de esta sesión editorial también nos contó que “para los encajes desmontaron los confines de mi bisabuela y tiñeron cada pieza con té negro, para que tuviera el mismo color que las tras telas. Todo el vestido de novia debe haber costado unos seis mil pesos hoy”. La sola idea de la confección a mano y los procesos artesanales de aquella época fueron suficientes para ser el hilo de inspiración detrás de estas fotografías. El recuerdo de todo lo espectacular que se maquinaba en el pasado.

“A mí me encantan los vestidos de novia de diseñador y por supuesto sé que detrás de cada uno de ellos hay muchísimo trabajo. Pero creo que deberíamos tener más alternativas y darle oportunidad a vestidos que sólo se usaron una o dos veces, y que son joyas que tienen mucho para dar”.

– Isabel Ortega S.

El look de novia en “38 años después”

Para la sesión, Isabel sabía que el vestido de novia debía resaltar, sí, pero con un “look que tuviera elementos ‘no convencionales’, como botas blancas o la corona de perlas y flores. Vi muchísimas referencias para bajar las ideas, pero al final Andrea Lozano, la stylist del shoot, fue quien concretó los looks y aportó unas ideas espectaculares”, dice.

La consolidación del estilismo solo dio paso a que, aún sin tener un conocimiento experto en moda, las fotografías pudieran convertirse en una fuente de inspiración para que las novias en busca de algo distinto encuentren una alternativa en los vestidos de novia vintage. Los complementos, el juego con ellos y el contraste con una pieza de época solo consiguió resaltar la belleza natural de una prenda que, hace 38 años, lucía fenomenal gracias a la mamá de Isabel. “Creo que es difícil imaginarlo cuando ves el vestido en una foto de hace 30 años, pero si te presentan la opción de estilizarlo con elementos más frescos, entonces es más fácil considerarlo como una opción viable”.

Además de que las fotografías presentan un abanico impresionante de oportunidades para idear un look de novia, para Isabel el significado no solo se centra en el resultado final y la estética, sino en la emoción que este tipo de legado visual tiene. “Me gusta hacerle saber a mi mamá que sus recuerdos siguen teniendo valor y que su vestido no quedó en el olvido, sobre todo considerando lo que significaba para ella”, dice, aunque también le queda más que claro que este tipo de sesiones pueden inspirar a más novias a sacar esos diseños extraordinarios de las cajas para darles una segunda vida, una serie de recuerdos con los que la historia inicial resuene aún más.

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Proveedores y venue para “38 años después”

El proceso y resultado no hubieran sido los mismos sin el equipo correcto. Isa nos comparte a detalle quiénes fueron esas personas que le añadieron magia a esta editorial de moda.

“El styling lo hizo Andrea Lozano. Es una picuda que aparte accedió a hacer el proyecto por pura emoción y estoy muy agradecida por ello. El maquillaje lo hizo Marisol Nava. Entendió perfecto el concepto y se anoto sin pensarlo; siempre hace un trabajo espectacular, porque le encanta hacer makeup no convencional. La modelo fue Valeria Santaella, desde que vi su perfil me encantó y sin duda fue la opción perfecta. La corona con perlas y la corona de flores secas las hizo Mariana Sánchez-Navarro específicamente para la sesión, y también nos prestó unos aretes hermosos. La corona alta de flores blancas nos la hizo Artistería, Fue una sorpresa, porque la sesión fue en su taller y cuando llegamos nos habían hecho este detalle que resultó ser ideal para uno de los looks”.

38 años después nos invita a descubrir un mundo completamente nuevo en torno a la moda para novias. Redescubrir el significado de piezas tan entrañables es capaz de desatar, como en cada una de estas fotografías, una ola imparable de inspiración, detalles y nuevas propuestas para concebir estilismos que conjuguen lo mejor de dos mundos: el toque actual con la magia de lo antiguo. “El resultado final me da mucho orgullo porque me confirma que las cosas que se hacen con inspiración salen increíbles”, nos cuenta Isa, quien también está segura de que los vestidos de novia vintage como este pueden ser una gran alternativa para quienes buscan salirse del molde.

Behind the lens: Isabel Ortega Sampson

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